Entrevistas

13 DE SEPTIEMBRE DE 2022 | INFANCIAS EN RIESGO

¿Qué es la victimología del desarrollo?

Entrevista a la Dra. Noemí Pereda, Doctora en Psicología Clínica y de Salud en España. Nos cuenta acerca del estudio de la violencia contra la infancia y la adolescencia.

Por Almer Villajos
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-¿Qué es la victimología del desarrollo?

-La victimología del desarrollo es el marco de estudio de la violencia contra la infancia y la adolescencia. Aplicar teorías explicativas que derivan de la violencia entre adultos, como la teoría de género, son una forma de adultocentrismo que no permite dar respuesta a la complejidad, particularidades y características propias de la violencia contra la infancia y la adolescencia. Los niños y las niñas son el colectivo de edad más victimizado de nuestra sociedad y los efectos de la violencia en el desarrollo son mucho más graves que si ésta acontece en la edad adulta. Así, en el año 2007 David Finkelhor, catedrático de sociología y director del Crimes against Children Research Center de la University of New Hampshire en los Estados Unidos, publica un trabajo que recoge los hallazgos sobre violencia contra la infancia y la adolescencia en todo el mundo y crea un marco teórico explicativo que denomina developmental victimology o victimología del desarrollo. Todo profesional que quiera trabajar con víctimas menores de edad debe conocer en profundidad este marco teórico que tiene como centro al niño, niña o adolescente, independientemente de su género o del género de su victimario.

-¿Cuáles son las consecuencias psicopatológicas de la victimización infantil? y ¿cómo podemos prevenirlas?
-La victimización en la infancia y la adolescencia es una experiencia vital, como hay tantas otras, cuya vivencia interactúa con los factores de riesgo y protección previos que tenga ese niño o niña. Así, no puede establecerse un conjunto de síntomas definitorio que permita detectar a un niño o niña que ha sido victimizado. Encontraremos desde síntomas internalizantes, como ansiedad y depresión, a sintomatología externalizante, como conducta disruptiva y agresiva. Si la victimización ha perdurado durante un lar-go período de tiempo, característico en formas de victimización graves como aquellas causadas por los padres o cuidadores principales o la victimización sexual, se produce un desajuste en la regulación emocional y conductual del niño o niña, debido a una hiperactivación del sistema de afrontamiento al estrés. Los estudios neurobiológicos sobre las consecuencias de la violencia en la infancia nos muestran afectaciones en áreas como el sistema límbico, lóbulo frontal, hipocampo. Así, es posible que el niño o niña presente síntomas de malestar que se corresponden con múltiples diagnósticos. El problema es que no existe una formación en victimología, en estudios universitarios tan importantes como psicología o medicina, que permita a un profesional de la salud saber que ese niño o niña no presenta ese cúmulo de diagnósticos, sino que los síntomas que muestra son indicadores de un trauma complejo. El trauma complejo fue definido por la psiquiatra de la Harvard University, Judith Herman, en 1992, como la vivencia de una experiencia de violencia durante un período prolongado, que rompe la integridad del yo y se manifiesta en múltiples síntomas de desajuste. Conocer bien esta realidad ayudaría a crear planes de intervención más efectivos para las víctimas de la violencia en la infancia.



-La mayoría de las victimas de abusos sexuales, sufrieron el maltrato en la infancia; ¿qué explicación nos puede dar que su revelación y denuncia se produzca en la edad adulta?
-Las víctimas revelan lo sucedido cuando pueden, no cuando la sociedad cree que deberían hacerlo. Es importante tener esto claro porque muchas veces se les exige algo que no es posible. Un niño o niña víctima de violencia y abusos sexuales en la infancia, generalmente por parte de una persona cercana con quien le une una relación de afecto, no puede identificar lo que está viviendo como una experiencia de victimización, no sabe que no les pasa a todos los niños y niñas, no entiende que se trata de un delito, desconoce que tiene unos derechos, etc. Así, pedir que un niño o niña revele a alguien lo sucedido, cuando vive en un entorno en el que este hecho forma parte de su normalidad, es no conocer la realidad de la violencia contra la infancia. Además, plateémonos, ¿a quién le cuenta lo que está viviendo si aquellos de los que depende son los que le están dañando? ¿cómo puede superar el miedo, la pena, la culpa, y tener la fuerza para acusar al victimario? ¿quién va a escucharlo si la mayoría de las profesionales carecen de formación en este tema y no saben identificar las señales de riesgo?Por otro lado, muchas veces este niño o niña, para poder seguir con su vida (ir a la escuela, estudiar, tener amigos), disocia los hechos que está viviendo de las emociones que estos le causan, así que puede presentar una amnesia disociativa que le impide recordar, tiempo después, lo que vivió, porque hacerlo supondría sentir ese dolor que lleva encapsulado durante años y la disociación lo está protegiendo de éste. n síntesis, se requiere de un proceso de maduración y reflexión personal que no se pue-de conseguir hasta que este niño o niña ha salido de su casa, tiene una vida autónoma, otras relaciones personales, y es capaz de hacer frente a su infancia y a lo que le ocurrió.

-¿Cómo impactó el COVID19 en este tema?
-Uno de los temas que más me ha preocupado durante este último año ha sido cómo la pandemia por COVID19 ha demostrado el adultocentrismo que llevamos denunciando desde hace tiempo. Desde un principio se acusó a los niños y las niñas, incluso por parte de fuentes oficiales, de vectores de contagio y vectores de transmisión, deshumanizándolos, sin ninguna evidencia que hubiera demostrado que era cierto de lo que se les acusaba. Se les mantuvo confinados en condiciones muchos más estrictas que a los adultos, y por un período de tiempo más largo, incluso cuando la ciencia ya había de-mostrado que la COVID19 ni es una enfermedad pediátrica ni los niños y las niñas son súpercontagiadores. Pero es que, a parte de esto, no se puso en marcha ningún recurso, ninguno, para que pudieran reportar situaciones de malos tratos o violencia dentro de sus hogares, se les aisló de todos aquellos que pudieran detectar una posible situación de riesgo, dejándolos solos en contextos de alto riesgo para la violencia, por las propias condiciones de hacinamiento, tensión, miedo, en las que se encontraban sus familias. A día de hoy se les siguen aplicando medidas más estrictas que a los adultos, como el uso de la mascarilla en su grupo de clase, incluso en el patio exterior. Creo que esto nos muestra, claramente, lo lejos que estamos aun del respeto y la protección a la infancia que tanto predicamos.

Dra. Noemí Pereda es Doctora en Psicología Clínica y de la Salud, Profesora Titular de Victimología, in-vestigadora ICREA Academia 2016 y directora del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universitat de Barcelona.


Fuente: Villajos Tendero, A. (2022). Entrevista a la Dra. Noemi Pereda. INFORMACIO PSICOLOGICA, (122), 100–104. Recuperado a partir de https://www.informaciopsicologica.info/revista/article/view/1911


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