-¿Cuáles son los puntos centrales en la formación de un analista?
-Comienzo por un punto fundamental que merece destacar: La Escuela de Lacan se sostiene en un vacío central: No se sabe ¿Qué es un analista? En el lugar de su definición, encontramos un agujero en el saber que permanece abierto. ¡Pero analistas hay! ¡Sí! Que el concepto de psicoanalista no exista, no impide que haya analistas.
Podemos preguntarnos entonces: ¿cómo se deviene analista? (1), no se deviene analista por vía de la identificación, del semejante, sino que un analista deviene de su análisis, de haber llevado a su término la experiencia del sujeto como psicoanalizado.
Lacan inventa el dispositivo del Pase, que instituye en la “Proposición del 9 de octubre del 67, sobre el psicoanalista de la Escuela”, con él le otorga a la Escuela un psicoanalista. En el Pase se verifica si “hay analista”, es decir, que un analista sea producto de su análisis, es allí donde se autentifica el paso de analizante a analizado, mutación subjetiva.
Recordemos que Lacan señalaba en el 73´: “Nunca hablé de formación analítica, hablé de formaciones del inconsciente” (2), esto quiere decir que un analista se forma en su propio análisis, en las lecturas de las formaciones del inconsciente, y es aquí donde los saberes desfallecen.
Por ello decimos que la formación no se reduce a los contenidos epistémicos, no está determinada por un programa, no se circunscribe a un universal, a un “para todos”, sino que se trata de la formación de cada analista, “uno por uno”.
Si un analista resulta de su análisis y no de su práctica, no es analizando a los pacientes que uno se vuelve psicoanalista. Aquí tenemos, al análisis personal en el centro de la formación de un analista, y lo que su análisis le ha enseñado -al analizado-, lo pondrá en condiciones de practicar el psicoanálisis y también, de enseñarlo.
Esto nos lleva a subrayar otro punto central: la formación de un analista no se puede unidireccionar del lado del Pase, del lado de la “producción de un analista”, ya que también un analista practica el psicoanálisis, atiende pacientes.
-¿Qué lugar tiene el Control en la formación del analista?
-Hablar de la práctica, conlleva necesariamente hablar del Control. ¿Por qué damos tanta importancia al Control de nuestra práctica? Porque el acto no se enseña, se controla. Del analista se espera algo, se espera el acto analítico, y esa capacidad para operar, el analista la obtendrá de su análisis personal.
Lacan dio lugar al acto respecto de la palabra y es en control donde evaluamos los efectos del acto analítico. Pero tengamos en cuenta que el control no nos exime de la responsabilidad del acto, no se trata allí de una autorización del acto. En el acto, uno está solo.
J. Lacan en el Acto de fundación del 64, señala que el control “se impone” al practicante por una cuestión ética, donde deber y deseo se anudan. Tomemos algunos ejemplos sobre algunas cuestiones que pueden llevar al practicante a pedir un control:
cuando se encuentra alguna dificultad en hacer semblante del lugar de objeto a que conviene con cada paciente, o cuando está el riesgo de deslizarse a una posición psicoterapeútica obstaculizando así la dirección de la cura, cuando nos confrontamos con el horror al propio acto, tanto en su inhibición, o si estamos sobrepasados por él,
En el control, fundamentalmente se controla la posición del analista en la transferencia, se trata allí de verificar el grado de desubjetivación de la experiencia, de vaciar al acto de toda subjetividad, para dar lugar al trabajo analizante.
Ahora bien, entre el control y el análisis hay un lazo existente, tenemos el control como lo más próximo al análisis, y podríamos pensar también, un anudamiento entre ellos. Miller en su curso El lugar y el lazo, señala: “el control no es el análisis, pero tiene que ver con él”. Esto lo constatamos cuando en un control se despeja un punto ciego, algo no trabajado en el practicante, que obstaculiza la dirección de la cura, en ese caso es fundamental que el analista de control indique que eso debe llevarlo a su experiencia de análisis.
En el control, se controla el lazo entre el analista y el psicoanálisis como partenaire. El uso que cada practicante del psicoanálisis haga del control, será diferente según el momento en que se encuentre en su experiencia de análisis y en su formación.
Con respecto al análisis personal, como al control de la práctica, Lacan no los hizo obligatorios, sino una cuestión de deseo, anudado a un deber ético, no sin la transferencia en juego. Al eliminar de su Escuela la lista de didactas, desestandarizó el análisis y también el control, permitiendo que cada analizante sea libre de elegir a su analista, también al analista con quien desea controlar su práctica, el número y frecuencia de los controles a realizar, de las sesiones semanales, distanciándose de la regularidad y obligatoriedad establecida por la IPA.
Esto no nos desentiende de la responsabilidad que tenemos en cuanto a nuestra formación, sino que nos vuelve más responsables aún. Y no olvidemos también, que la formación del analista es el objeto mismo de la Escuela. La Escuela es responsable de la formación de sus miembros, garantiza que un psicoanalista surge de su formación y a su vez, es el órgano de control y crítica del trabajo que en ella se hace, ya que aloja la enunciación de cada uno y para ello aporta lugares (invitaciones a participar con el trabajo, en Noches de Escuela, Jornadas, en funciones) y dispositivos (Cartel, el Pase).
-¿Formación interminable o Pase?
-Diría: Pase “y” formación interminable, ya que no se excluyen entre sí. Recordemos que Freud hablaba de “análisis terminable e interminable”, no decía “o”.
Veamos cómo se relacionan. Lacan quería para su Escuela “analizantes perpetuos”, analistas que, en su formación interminable, no abandonen la posición analizante, la relación de cada uno con su inconsciente, aunque hubiesen terminado su análisis.
Cuando ya no está el encuentro con el psicoanalista, en un análisis terminado, seguimos descifrando nuestro inconsciente, leyéndolo. La transferencia no se reduce a cero, la relación al SsS (Sujeto supuesto Saber) cuando ya no se encuentra encarnada en alguien, en el analista, se dirige a la Escuela.
Formación que no abandona el trípode freudiano: análisis, control y enseñanzas, estudio de la teoría psicoanalítica y otras disciplinas, pero con Miller agregamos: la Escuela, lo que llamó: “Inmersión en la Escuela”, donde resaltamos la “posición analizante”. Escuela donde cada uno está solo en relación a la causa analítica, pero no sin los otros.
La formación analítica no está determinada por un programa, por un curso con un saber asegurado, por el que se otorgaría el título de psicoanalista, que se obtendría en una duración de tiempo. No se trata de una formación gradual, progresiva, una acumulación de saber, como en la formación académica.
Los contenidos epistémicos por supuesto son necesarios y tienen que estar, estudiamos los textos psicoanalíticos y de disciplinas afines, asistimos a Congresos, Jornadas, Conversaciones Clínicas, Noches de Escuela, participamos investigando en Carteles etc.
Pero de lo que se trata, en la formación de cada analista, es de los efectos-de-formación, éstos que se producen de manera contingente, incalculables, no son lineales, sino que son discontinuos, los cuales podemos verificarlos aprés-coup. Para ello, no son sólo necesarios los saberes aprendidos, sino que fundamentalmente se necesita de una mutación psíquica.
Miller lo señala así en su texto. “no es solamente obtener la adquisición de saberes, sino también la aparición de ciertas condiciones subjetivas, una transformación del ser del sujeto”. (3) Aquí lo importante es subrayar que esos saberes adquiridos, contenidos epistémicos, pueden encontrar una transformación inédita, en función del análisis del sujeto, mutación subjetiva que supone el propio análisis, esto es, del momento en el que está en el trabajo de subjetivar las formaciones del inconsciente, en su propio recorrido analítico.
Formación de un analista que no tiene nada de formateo, tampoco de buena forma, sino que está más del lado de una de-formación de cada analista, esto es, lo inigualable, incomparable, lo fuera de la n(h)orma del para todos, y que se mide sólo por sus efectos. Formación interminable, ya que nos confronta con un imposible de saber, saber que no puede dominarlo todo, y esto es lo que hace a la especificidad del Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana y nos diferencia de las psicoterapias: la orientación por lo real. Nuestra formación está orientada por la concepción del síntoma, en consonancia con una teoría y experiencia de lo incurable del síntoma, la singularidad de cada uno.
-¿Cómo fue su formación como analista?
-Hablar de formación, de mi formación, implica no reducirla al pasado, a lo “que fue”, ya que de la formación uno no se jubila nunca, como recién decía es interminable.
Llevo muchos años en ella, más de treinta y largos años en mi experiencia analítica, que continúa y la llevo lo más lejos posible; otros tantos años, más de treinta en mi práctica, que va de la mano del control. Control que realizo desde el inicio de la misma, de manera regular y no en urgencias, y del que me sirvo como antídoto a la sordera, el adormecimiento y la pereza. Por ello puedo constatar que el deseo de análisis y el deseo de control se mantienen en mí, de una manera viva, causada y joven.
Junto al análisis y al control de mi práctica, tiene un lugar muy importante el trabajo en Carteles, del que participo frecuentemente como integrante, y también en la función de más-uno (este integrante es uno más, elegido por los otros 4, que vela para que el cartel funcione, provoca al trabajo y lo enlaza a la Escuela).
El Cartel junto con el Pase, son los órganos de base de la Escuela. El Cartel es un dispositivo de trabajo de elaboración y producción de saber, que Lacan propuso en su “Acto de Fundación” en el año 64, fue una interpretación a los didactas de esa época yendo contra las jerarquías de saber y la inercia de grupo.
-¿Por qué elige el Cartel?
-Porque considero que es un lugar privilegiado para la investigación, donde uno se reúne con otros, en un pequeño grupo (4+1) en una conversación con otros, por un tiempo limitado, a partir de un tema común de trabajo. De ese tema, cada participante recortará un rasgo propio de su investigación particular y del que resultará un producto final propio, un trabajo escrito, producción de saber con su enunciación singular, que podrá presentarse en Jornadas de Carteles y en oportunidades, en Jornadas de la Escuela, y también publicarse.
El Cartel es una herramienta fundamental en la formación de un analista y en el lazo a la Escuela.
Pero fundamentalmente hablar de mi formación analítica es hablar de los efectos-de-formación, es lo que hace a que la formación sea de cada analista. Efectos-de-formación que considero no son tantos, pero cuando se producen son inolvidables e inciden en nuestra práctica, y en mi modo de habitar la Escuela.
En mi experiencia de formación, los obtuve en mi análisis, en algunos controles, en un cartel, participando en una función en la EOL-Sección La Plata como directora de la Revista El escabel de La Plata, y en las entrevistas de admisión a la Escuela. Por ello -para mí- hablar de formación interminable, es hablar de una formación causada, y a la vez, animada por un deseo en relación a la Escuela que tiene en el horizonte el Pase. Y a su vez, hablar de efectos y de contingencia, anima a lo que está por venir. No olvidemos que la formación que cuenta comienza siempre después, y consiste siempre en saber ignorar lo que se sabe.
Andrea B Perazzo es Lic. en Psicología. Miembro de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis). Directora de la Revista El escabel de La Plata (2021-2023). Secretaria del Directorio adjunto de la EOL-Sección La Plata. Co-directora de la Carrera de Postgrado en “Clínica Psicoanalítica contemporánea”, en el Colegio de Psicólogos Distrito XI.
Notas:
(1) Miller, J.-A., en ¿Cómo se deviene psicoanalista en los inicios del S XXI? El Caldero de la Escuela, Nueva serie. N°15.
(2) Lacan, J., “Sobre la experiencia del Pase”, en Ornicar?1, Barcelona. Editorial Petrel 1981, pág 37.
(3) Miller, J.-A., “Para introducir el efecto-de-formación”, en Cómo terminan los análisis. Paradojas del Pase. Editorial Grama, pág 355.