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11 DE NOVIEMBRE DE 2022 | DÍA MUNDIAL DE LA ADOPCIÓN

Adoptar entre estigmas y prejuicios

Sobreviven aún los rechazos a la adopción por parte de las mal llamadas "neosexualidades", advierte el autor, quien propone evitar la mirada patologizante y rescatar el amor que pueda estar presente en ellas.

Por Pablo Grinfeld
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Muy larga es la historia de la adopción en la niñez, la adolescencia (y también en la edad adulta) en la humanidad.

La adopción implica una de las formas de la filiación (las otras son la naturaleza y la reproducción humana asistida). La filiación es el vínculo de familia que existe entre el hijo/hija y sus padres (paternidad y maternidad). Implica un importante vínculo jurídico. Es impresionante el número de artículos referidos a las relaciones de familia. Así --por ejemplo-- el artículo 529 del nuevo Código Civil y Comercial Argentino (2015), Ley 26994, en su libro segundo, título IV (Parentesco) considera lo relativo a la adopción.

En un antiguo, ya viejo paradigma, la adopción nace con la caridad y como un remedio frente a la infertilidad. Aunque por cierto se dan otras motivaciones, donde no siempre impera el amor.

Pero presenta una lógica dirigida hacia los adultos. Es una “mirada patrimonialista” (centrada en la cultura, el patrimonio, la tradición) versus el interés por la persona adoptada.

Por lo contrario, con una lógica actual, el nuevo paradigma restituye los intereses y derechos fundamentales de quien es objeto de la adopción, en especial de la niñez. Pone el énfasis en determinar si hay una capacidad parental para adoptar en el pretenso adoptante.

Para evitar así --por ejemplo-- los casos de la devolución de niños/niñas o adolescentes, después de intentos de adopción. También evitar otros procesos excluyentes, debidos a la ausencia de la disposición amorosa deseante de la adopción.

***

Estamos transitando el siglo XXI, inmersos en un mundo que nos resulta difícil de comprender. Los paradigmas científicos han variado y hay un mayor consenso por el respeto de tal variación y lo que ello implica en los distintos ámbitos del quehacer humano.

Las sociedades actuales expresan una nueva mentalidad, una nueva subjetividad, es decir nuevas formas de ser, pensar y sentir. Por ejemplo --en lo que hace a la sexualidad-- se manifiestan “nuevas sexualidades”. Criticadas en distintos sectores sociales (y también en algunos medios psicoanalíticos) que consideran negativas muchas de ellas.

Y aunque hoy contamos con las técnicas de la denominada Reproducción Humana Asistida, que tiene por objetivo principal resolver lo relativo a la infertilidad, debido (felizmente) a la instauración en nuestro país del Matrimonio Igualitario y de la Identidad de Género, en los últimos años estamos asistiendo a la adopción --recalco, manifestación de la caridad, del amor-- de niños/niñas por parte de personas y parejas de la considerada “diversidad sexual”.

Así, en un corte sincrónico, la actualidad en cuanto a los procesos de adopción, es de señalarlos en referencia a lo que hoy se denominan los colectivos LGBTIQ+ (lesbianas-gays-bisexuales-transexuales intersexuales- queer-otras).

Se trata de las mal denominadas “neosexualidades”. Así, entre comillas, porque tales sexualidades existieron a lo largo de las historias y geografías (Claude Lévi-Strauss).

En lo que refiere a la idoneidad para la adopción, tales formas de la sexualidad, que han dejado de ser consideradas patológicas por los criterios diagnósticos de la salud mental, suelen ser objeto de rechazos. Pienso que --como psicoanalistas-- debemos evitar en este tema consideraciones que conduzcan a la “patologización” ya que ésta lleva fácilmente a la discriminación y al prejuicio.

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Y que --en cambio-- debemos considerar las emociones básicas del ser humano, en cuanto a rescatar el amor que pueda estar presente en ellas. Contamos para ello con un Freud que --en el Esquema del Psicoanálisis (1940 [1938]), publicación póstuma, en la que se refiere a las doctrinas de las pulsiones-- afirma que lo que sabemos sobre Eros, o sobre su exponente la libido, se adquirió por el estudio de la función sexual, que en la concepción corriente se superpone con el Eros. Pero no en su teoría. Así, la sexualidad es una función y que como tal puede ser diferenciada de la capacidad de amar. Es de tener presente que el amor (el dios Eros) es la esencia de la vida, opuesto, según la mitología griega al Tánatos, el dios de la muerte.

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Los conceptos que he vertido --repito-- han encontrado su apoyo en las nuevas legislaciones. Razón, considero, para celebrar en el Día Mundial de la Adopción.

Pablo Grinfeld es médico, miembro Titular De la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Full Member of the International Psycho-analytical Association 2022.

Fuente Página 12 Psicología

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